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Cervantes cuenta en El Quijote que Sancho Panza gobernó una ínsula y que, en una ocasión, pretendió encarcelar a un mozo que acababan de hacer preso, pues se sospechaba que era ladrón. Durante el enjuiciamiento, Sancho le dice que aquella noche dormiría en la cárcel y el mozo contesta, tras reír, que ni siquiera él, el gobernador, ni todos los hombres del mundo conseguirían que aquella noche durmiera en la cárcel. Contrariado ante tal menosprecio de su autoridad, Sancho vuelve a pedir explicaciones, incluso amenaza con ofrecerle al alcaide de la cárcel dos mil ducados para que no le deje salir. A esto, en uno de esos momentos de lucidez, burla e ironía que plagan la obra más universal, el preso explica que aunque no tuviera forma de evitar que le mandaran a la cárcel, le pusieran grilletes y cadenas y le confinaran al fondo de un calabozo, lo de hacerle dormir era harina de otro costal. “A la cárcel iré, a dormir será si quiero”.

dfyQUgyaOPfpVxJ-556x313-noPadSiento una tristeza enorme al contemplar la mirada de Arturo, el oso polar encarcelado en un zoológico de Argentina. No es normal ver un gesto tan desolado en los animales aprisionados en otros zoológicos del mundo, pese a que ninguno es feliz. Por eso, me gustaría poder pensar que la gente que paga una entrada para ver a Arturo, que los que ahora han visto las fotos del bucólico oso al conocer su caso, sientan su tristeza. Me gustaría poder pensar -aunque no puedo- que Arturo no es feliz porque no quiere serlo, que ha decidido por él mismo andar con ese aire alicaído, con esos ojos tristes, con ese gesto de enorme sufrimiento. Me gustaría concluir que, como el mozo al que Sancho mandó a dormir a la cárcel, Arturo también está ejerciendo su libertad a no ser feliz, a no mostrar normalidad ante una existencia artificial confinada entre barrotes, al vil hecho de que alguien pagase para robarle su vida, de que otros estén pagando una entrada para entretenerse viéndole dónde la naturaleza jamás previó que estuviese; a entornar los ojos en rebeldía por todos los animales que sufren ese calvario. “Me encerráreis para admirarme, pero en mis ojos sólo veréis vuestra crueldad”.

Al final de aquel capítulo de El Quijote, y ante la imposibilidad de hacerle dormir en la cárcel, Sancho acaba liberando al mozo. “Andad con Dios”, le dice, “id a dormir a vuestra casa, y Dios os dé buen sueño, que yo no quiero quitárosle”. Podremos discutir si la vida que jamás conocerá Arturo es cosa de Dios o de la naturaleza, pero no hay discusión en el hecho de que es el diablo quién se la ha arrebatado. Tampoco en la existencia del diablo que, a diferencia de como lo dibujan, no tiene rabo ni cuernos. Anda a dos piernas y gobierna sin piedad una ínsula llamada mundo.

ACTUALIZO: Hoy 4 de julio de 2016 he recibido la noticia de que Arturo ha fallecido. Descansa en paz, amigo. Sólo espero que, allí donde estés, por fin sonrías.

 

Andrés Cardenete

Andrés Cardenete

Periodista at Kalani
Licenciado en periodismo. La mayor parte de mi carrera la desempeñé en medios.
Trabajo en un departamento de comunicación mientras echo de menos la trinchera.
Andrés Cardenete

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