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El humo que salía de las chimeneas de los hornos crematorios impregnaba la ropa tendida en la Alemania nazi. Cada mañana los civiles alemanes sacudían la ceniza de sus camisas antes de ponérselas. Después volvían a mirar para otro lado cuando, en su ruta diaria al colegio, caminaban con sus hijos de la mano junto a la valla que separaba su ciudad del gueto. Aunque la realidad te salpique, es más cómodo vivir sin mirar. Nunca hubo inocentes en Sodoma.

Seiscientos cuarenta kilos de nobleza e inocencia trotan por el puente de Tordesillas. Rompesuelas mueve la cabeza, asustado. En su trote se percibe un triste sosiego. El de quien no sabe dónde está ni qué ocurre. El de aquellos que avanzan hacia la muerte sin conocer su fatídico destino. Ni siquiera trata de envestir al tumulto de cobardes que le acompaña. Es herbívoro, no un depredador.

La muerte puede sorprender a cualquiera al cruzar la calle, al subirse a una escalera para cambiar una bombilla o al correr hacia un arenal en el que te esperan un puñado de cobardes armados con lanzas. La diferencia está en la alevosía, en la violencia y en el sadismo. No es sólo que vaya a morir un inocente. No es un accidente. Es una muerte planeada, que es lo mismo que decir ejecución. Un asesinato lento y cruel.

Escribo estas líneas mientras la piel de Rompesueles, que sólo ha disfrutado de la vida durante seis años, es desgarrada por hombres sin atisbo de empatía hacia su especie. Dicen los pocos que aún tienen la insensibilidad de defender este festejo que le pasa por haber nacido toro. Frederick Douglass, escritor y esclavo américano, cuenta algo parecido al relatar como lo separaron de su madre en su niñez. Se lo repitieron más tarde mientras le daban latigazos: “La culpa es tuya por nacer negro”.

Me dicen que ya acabó. Rompesuelas ha sido asesinado. Además han pegado a varios periodistas, no hay noticias de los investigadores del Partido Animalista, Rompesuelas fue soltado pese a que había gente encadenada en el recorrido… Esta no es la España que quiero y mirar para otro lado no nos va a convertir en inocentes. Seguiré luchando para que no haya más Rompesuelas, más Elegidos, más Vulcanos… Para que las verdaderas bestias de este país no tengan una ley refugio hecha a su medida. Un país que acepta la violencia es un país peligroso. El nuestro lo es. Rompesuelas es la desdichada prueba. Ha ocurrido una vez más, pero ninguna otra.

Andrés Cardenete

Andrés Cardenete

Periodista at Kalani
Licenciado en periodismo. La mayor parte de mi carrera la desempeñé en medios.
Trabajo en un departamento de comunicación mientras echo de menos la trinchera.
Andrés Cardenete

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